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Historia de un timo (o las becas MAEC-AECID)

julio 27, 2009

Quien haya seguido el blog durante el último año, probablemente se acuerde de Asa, mi amiga iraní licenciada en filología hispánica que albergaba el único deseo de ser becada por el gobierno español para poder hacer un máster en España. Si el lector tiene buena memoria, recordará también que cuando la conocí justo cuando había recibido la fatídica noticia de que no había sido seleccionada y que, por lo tanto, tendría que buscarse la vida en su país. Ardua tarea, créanme.

Sin embargo, tuvo suerte y encontró un trabajo como traductora para una importante empresa iraní de ingeniería civil, donde, de todas maneras, le pagaban una miseria, carecía de los medios necesarios para hacer su trabajo como Allah manda y por no tener, no tenía ni seguro médico.

Irán mantiene una intensa relación comercial con -oh, sorpresa- Venezuela, y la tarea de Asa consistía en traducir catálogos, informes y contratos para que éstos fuesen presentados a los clientes potenciales en la mencionada república bananero-militar. La dificultad, a parte del complejo vocabulario técnico, residía en los idiomas que ella tenía que manejar, ya que ninguna de las traducciones que ha realizado durante este año han sido hechas de idioma B al persa. En algunas ocasiones ha tenido que traducir incluso del inglés al español. Y a pelo, ya que su material de trabajo constaba de una silla, una mesa y un ordenador con acceso limitado a internet.

Lo único que le motivaba de su trabajo  -a pesar de la frustración de carecer de los medios para efectuarlo de una manera medianamente digna y la mísera compensación económica recibida a cambio- era que mejoraría su español y tal vez así, por fin, le sería concedida la codiciada beca. Ésta vez, le dije, yo te ayudaré a pulir la solicitud y ya verás cómo todo va a ir mejor. No me equivoqué.  Asa tiene un expediente educativo brillante: no solamente tiene notas excelentes, sino que cuenta en su currículum con colaboraciones con profesores españoles en trabajos que exigen un domino excelente del idioma y una dedicación y valía excepcionales. Es por ello que me abstuve de maquillar cualquier dato y solamente me limité a corregir pequeños detalles de estilo y corrección gramatical.

En abril, Asa y otras tres chicas fueron llamadas a una entrevista personal en la embajada de España en Irán para la que se preparó concienzudamente y tras la cual solamente obtuvo halagos por parte del mismísimo cónsul. A diferencia del año pasado, fue una de las pocas a la que volvieron a entrevistar al cabo de un mes, señal de que las autoridades españolas en Irán estaban plenamente convencidas de sus cualidades.

La espera se hizo eterna y, mientras tanto, una profesora iraní intentaba enchufar a su secretaria en un viaje relámpago que hizo a Madrid en vísperas del fallo definitivo. “Es imposible inmiscuirse”, declaró. Mientras la secretaria no hacía más que quejarse por la tardanza y por el fracaso del plan chanchullo, Asa, la pobre, esperaba en su oficina la respuesta a su agonía.

Tardó más que el año anterior en llegar y estaba hablando con ella cuando lo hizo. Una sola frase, cuatro palabras que vinieron a cortar el único y fino hilo que sujetaba los sueños y el futuro de la pobre Asa. No ha sido seleccionada. Sin más aclaración, solamente un mecánico y automático -casi burlesco- mensaje de condolencia. Sentimos comunicarle. Los cojones.

Al principio, corrió el rumor de que ninguna de las candidatas había sido seleccionada. Después supieron que una de ellas había corrido otra suerte. Bajo extrañas circunstancias, faltaría más. En primer lugar, una profesora iraní ajena completamente al proceso de selección, le había comunicado un mes antes a la publicación de las listas a una de sus alumnas predilectas que iba a recibir la beca. Sin embargo, días antes a su publicación oficial, le dijo que en el último momento habían tachado su nombre en favor de otra compañera que -ojo al dato- ni siquiera contaba con una preadmisión en una universidad española; requisito indispensable para optar a la selección.

La decepción de no resultar seleccionada es inevitable. Saber, sin embargo, que no ha sido a causa de tus aptitudes o carencias solamente puede suscitar, primero, ira y, posteriormente, frustración. Asa sabe que jamás obtendrá una beca para ir a España y que su situación económica no le permite ni tan siquiera esbozar el sueño de irse por su cuenta. Ha decidido jugárselo todo a una carta y ponerse a aprender alemán para hacer un máster en Alemania. Porque está claro que para llegar a algún lado en nuestro país hay que tener un buen padrino o una boca bien entrenada.

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2 comentarios leave one →
  1. yauganeus permalink
    septiembre 5, 2009 12:32 am

    Joder. putopais.

  2. noviembre 24, 2009 4:30 pm

    Perdona las tildes -teclado aleman-.
    Vaya, ya lo siento. Aunque en Alemania seguro que lo tiene mejor, ponerse a aprender aleman asi de pronto es una tarea para la que hay que tener un par. Ella los tiene. Mucha suerte, Asa.

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