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Todos los caminos llevan a Roma

febrero 11, 2010

¿Pero y si no quieres ir a Roma? Pues he ahí el dilema que yo tengo. Me siento metida en el engranaje universitario, que pertenece al macroengranaje de una vida apropiada, correcta, previsible. Aprendo cosas interesantes, no lo niego, disfruto a ratos cuando leo textos sobre el diseño inteligente y la individualización. También me alegro de poder hacer el semestre que viene un seminario entorno a cómo la religión y la política influyen en el papel de la mujer en distintos países.

Sin embargo, cuando pienso en la vida de mis profesores, de los docentes de las tutorías, me entra verdadero pánico. Me parece una vida solitaria, metida entre libros, discutiendo si Beck tiene más razón que Luhmann o si Bourdieu es mejor francés que Durkheim. ¿Qué sentido puede tener eso? Leyendo los últimos libros, dándole otra vuelta de tuerca a la historia, describiendo las relaciones interpersonales, leyendo, leyendo, leyendo. ¿Dónde se queda el mundo?

He empezado a leer “Negro sobre negro“, los cuadernos de viaje de Ana Briongos. Ya que no puedo viajar a Irán, y al Irán de hace 30 años aún menos, por lo menos acompañaré a Ana por sus paisajes pre-revolucionarios. Algo me dice que mis pies me guían hacia Oriente Próximo, que mi camino vital pasa por llegar hasta allí. ¿Pero qué será de mí, cuando ya lo haya recorrido?

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