Me voy a Irán (sí, por fin)
Por fin. Hace tiempo que decidí dejar el blog en stand by. Hoy que he recogido mi pasaporte con mi visado, me apetecía dejar una última entrada a modo de regusto agridulce.
El domingo me voy a Irán, y me voy además de prácticas a la universidad de Teherán.
Promete, promete mucho.
Regalo de cumpleaños: Praga
Hace justamente un mes cumplí 22 añitos. Me cayeron infinitamente mejor que los 20, bien sea porque una vez entrada en la década ya año para arriba, año para abajo, poco cambia o porque el 22, los dos patitos, es un número de lo más simpático. Fue un día como otro cualquiera, tenía clase a las 8:30, después quedé con una amiga mía para trazar un plan para escaquearnos de la presentación que teníamos que hacer y a la tarde fui religiosamente a danza del vientre (¡la profesora incluso me permitió elegir el ejercicio final de la clase!). Dogukan me hizo un pastel riquísimo y, con el frío que hacía y con el estrés universitario, decidimos festejarlo cuando la nieve se derrita (y no, eso todavía no ha ocurrido).
No me dio ninguna pena porque hacía un par de semanas que teníamos cogidos los billetes para ir a pasar el fin de semana a Praga. Toda mi familia habla maravillas de Praga, de hecho, yo era la única que no había estado (¡y la que más cerca vive!). Aprovechando que al ser temporada baja habría pocos turistas, no tuvimos problemas para encontrar billetes y un hostal al lado del puente de Carlos por muy buen precio. Praga es una ciudad muy turística así que hay que ir preparado para el sablazo, de todas maneras, aquí van algunos consejos de la Señorita Gangas:
Ah, corazón
Hay que ver cómo han evolucionado las cejas turcas desde entonces. A mejor, sin duda.
Todos los caminos llevan a Roma
¿Pero y si no quieres ir a Roma? Pues he ahí el dilema que yo tengo. Me siento metida en el engranaje universitario, que pertenece al macroengranaje de una vida apropiada, correcta, previsible. Aprendo cosas interesantes, no lo niego, disfruto a ratos cuando leo textos sobre el diseño inteligente y la individualización. También me alegro de poder hacer el semestre que viene un seminario entorno a cómo la religión y la política influyen en el papel de la mujer en distintos países.
Sin embargo, cuando pienso en la vida de mis profesores, de los docentes de las tutorías, me entra verdadero pánico. Me parece una vida solitaria, metida entre libros, discutiendo si Beck tiene más razón que Luhmann o si Bourdieu es mejor francés que Durkheim. ¿Qué sentido puede tener eso? Leyendo los últimos libros, dándole otra vuelta de tuerca a la historia, describiendo las relaciones interpersonales, leyendo, leyendo, leyendo. ¿Dónde se queda el mundo?
He empezado a leer “Negro sobre negro“, los cuadernos de viaje de Ana Briongos. Ya que no puedo viajar a Irán, y al Irán de hace 30 años aún menos, por lo menos acompañaré a Ana por sus paisajes pre-revolucionarios. Algo me dice que mis pies me guían hacia Oriente Próximo, que mi camino vital pasa por llegar hasta allí. ¿Pero qué será de mí, cuando ya lo haya recorrido?
Para sentirme como en casa
El asesino
De todas las cosas a las que tengo miedo, la más irracional y profunda es, sin duda, el miedo a que un psicópata entre a mi habitación y me mate. Para más inri, tengo la macabra convicción de que no sería una víctima al azar, sino más bien resultado de un crimen premeditado y calculado escrupulosamente. Mi psique paranoica le atribuye el crimen, eso sí, a un desconocido, algo perturbado tal vez y con alguna extraña fijación con Elenas con miedo a que un asesino las mate. Como si lo oliera, oye.
Decadencia
Me gusta la decadencia. De alguna manera la uno con un sentimiento melancólico de un esplendor que no he vivido y que solamente está al alcance de la mirada de quien no mira con los ojos. Creo que es la magia que tiene Estambul: la asimetría, el libre albedrío y el desorden entre calles inalteradas desde hace siglos. Mucha gente no entiende -yo la verdad es que tampoco- que una ciudad me haya causado semejante fascinación en el escaso tiempo que estuve en ella.
Pero siento Estambul, me llena, me habla, me mece en sus aguas y me baña de oro al atardecer. Mantiene la calma entre el estruendo de transeúntes y vendedores, sosegada, como un viejo que comprende demasiado como para dejarse arrastrar por las pasiones ajenas. No quiero que le quiten las arrugas y le hagan un “lifting” a sus edificios. Me gusta Estambul con sus curvas y sus contornos, con sus dolencias y sus imperfecciones.
Pocas cosas me alteran el pulso hoy en día. Pero pienso en Estambul y me entran ganas de llorar.
No sé por qué.
Historia de un timo (o las becas MAEC-AECID)
Quien haya seguido el blog durante el último año, probablemente se acuerde de Asa, mi amiga iraní licenciada en filología hispánica que albergaba el único deseo de ser becada por el gobierno español para poder hacer un máster en España. Si el lector tiene buena memoria, recordará también que cuando la conocí justo cuando había recibido la fatídica noticia de que no había sido seleccionada y que, por lo tanto, tendría que buscarse la vida en su país. Ardua tarea, créanme. Leer más…
Conferencia con Teherán
Se puede perder el tiempo de muchas maneras. Yo estoy especializada en hacerlo cuando tengo que entregar algún trabajo o estudiar para algún examen. Esta vez se trata de un trabajo de teoría política que tengo que entregar dentro de nueve días y para el que no he empezado ni siquiera a leer los textos que tenía que haber leído durante el semestre. Sin embargo, estresarse no es saludable así que sigo dedicándome a invertir mi tiempo en las más variopintas de las ocupaciones, como por ejemplo, charlar un rato con dos chicas iraníes:
La dieta proviene del médico de mi padre. Como conejillo de indias tenemos a otro amigo que ha adelgazado 14 kilos en menos de cinco meses. Para los que queráis torturaros hasta que llegue el verano, coged papel y boli:
